Molecular Farming: empresa emergente, sustentable, socialmente responsable y mexicana

Primer día en Talent Land, escenario de Talent Future, tierra donde se exponen innovación y tecnología para los próximos años (gadgets, servicios, softwares y más), territorio donde puedes encontrar «cosas que nunca pensaste y otras que se creían inalcanzables».

En este marco, las investigadoras de la Universidad Autónoma Metropolitana Adriana López y Grecia Fuentes nos hablan sobre «el secreto de los microorganismos» y nos presentan su empresa emergente (start-up): Molecular Farming, sustentable, socialmente responsable y orgullosamente mexicana.

No obstante los investigadores involucrados continúan trabajando en la mejora de su paradigma y en su adecuación a nuevas normas de inocuidad, los actuales resultados los hicieron acreedores del primer lugar local del Hult Prize (2016-2017).

Una alternativa nutricional para el presente y el futuro

De acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, nuestras sociedades deben comenzar a diseñar soluciones para evitar escenarios en los que el abastecimiento de alimentos se convierta en un problema grave a nivel mundial.

En este sentido, Molecular Farming propone sacar provecho de microorganismos para la producción masiva de nutrientes, utilizar su potencial para combatir la desnutrición que afecta a millones en todo el orbe actualmente; las científicas plantean aprovechar a estos «ubicuos superhéroes» para producir proteínas que suplementen las dietas de hoy y del mañana.

Este método de producción, en vías de ser patentado, produce 5 kilogramos de proteína por semana, a través de un eficiente método de fermentación sólida que permite optimizar los resultados.

Sustentabilidad

Este nuevo tipo de agricultura propuesto por las investigadoras en conjunto con su colega José Reyes supone un ahorro energético porque se basa en energía solar para la producción y, según López y Fuentes, su método ahorra el equivalente a la electricidad necesaria para abastecer a doscientos hogares mexicanos por un día; además, reduce el uso de recursos hídricos, pues bastan 7 litros para producir 1 kilogramo de proteína, en contraste con los cerca de 1000 litros necesarios para obtener 1 kilogramo de algún otro producto agrícola (papas o zanahorias o tomates…).

Otra característica ecoamigable es la ausencia de fertilizantes, a la que se suma el hecho de que los nutrientes son cultivados en contenedores (cubetas) desarrollados especialmente para este propósito, es decir, se reduce significativamente la extensión de tierra requerida.

Responsabilidad social

La labor experimental es retributiva y apasionante, generalmente es seguida por la publicación de un artículo y, en la gran mayoría de los casos, hasta ahí llega; pero para estos biotecnólogos eso no era suficiente, deseaban llevar su ciencia a la aplicación. Más aún, deseaban que ese conocimiento generado sirviera para salvar vidas.

Ante la aberrante realidad de los millones de personas que padecen hambre en México, particularmente en zonas rurales, donde la ingesta proteínica suele ser insuficiente y además hay una marcada carencia de empleos o los existentes son precarios, los científicos decidieron transformar el producto de su investigación en un modelo de negocio que permitiera a estas personas vulnerables (principalmente mujeres) tener un ingreso fijo extra (a veces único) y, a la vez, combatir la desnutrición mediante la producción de proteínas para autoconsumo.

Modelo de negocio

López y Fuentes aseguran que las proteínas serán un negocio de 60 millones de dólares para 2020. Ciertamente la responsabilidad social de la ciencia es uno de los ejes centrales de este proyecto, pero en realidad es un modelo de negocio.

A través de una asociación civil, los participantes adquieren un microcrédito que les permite comprar el kit de producción vendido por Molecular Farming; la empresa capacita a estas personas y sólo se queda con 30% de las ganancias.

La producción se lleva a cabo en los patios de las casas de los socios y luego se lleva a centros de acopio, donde es sometido a un último proceso que deja el producto listo para ser consumido por los mismos cultivadores o para ser vendido a otras empresas como suplemento alimenticio en forma de polvo.

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