¿La ciencia nos puede salvar de nuestra extinción?

El pasado mes de octubre la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se pronunció para lanzar una advertencia a la humanidad. De no cumplir con los objetivos para la disminución de emisiones en la próxima decáda, la temperatura global al final del siglo habrá aumentado 2 grados, trayendo repercusiones potencialmente irreversibles para la vida en la Tierra.

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Para evitar el deterioro irrversible del ecosistema los especialistas indican que el incremento en la temperatura global no debe superar 1.5 grados. Fuente: Internet

Ante esta y otras amenazas globales, la humanidad parece depositar su confianza en el avance de la ciencia. Antonio Guterres, miembro del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) afirma que se debe “hacer lo que exige la ciencia”.

Ante este optimismo resulta prudente preguntarse,  ¿la ciencia realmente tiene la capacidad de resolver las amenzas que enfrentamos como especie? Explorar esta inquietud nos lleva a analizar no sólo aspectos internos de la ciencia como disciplina, sino también realidades externas a las cuales esta supeditada.

En busca de la máquina perfecta

La aparición de la máquina de vapor marca el inicio de la era industrial. Esta encontró rápidamente aplicaciones en la minería, el transporte y la industria textil, despertando el interés de una incipiente clase burguesa la cual apostó por su uso. Una vez el capitalista ha constatado que en efecto tiene una fuente de beneficios, lo siguiente que se pregunta es ¿cómo obtengo más?

Esto llevó al concepto de eficiencia. Una máquina más eficiente realiza más trabajo con la misma cantidad de energía y por lo tanto maximiza las ganancias. La evolución de la técnica en esos años llevó a la fabricación de maquinaria cada vez más eficiente y se especulaba que era cuestión de tiempo construir la máquina perfecta, aquella que lograra convertir toda la energía dada en trabajo útil.

Este optimismo fue lapidado no sólo por la experiencia sino también por el trabajo de Sadi Carnot, Rudolph Clausius y otros más, quiénes mostraron argumentaciones profundas sobre la imposibilidad de un aparato así. Estas investigaciones llevaron en última instancia a la formulación de la segunda ley de la termodinámica y al concepto de entropía.

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La entropía es una cantidad física relacionada con la irreversibilidad de procesos, como la difusión en fluidos o la conversión entre los diferentes tipos de energía. Fuente: Internet

Tecnologías modernas, en materia energética por ejemplo, tampoco estan excentas de estas restricciones. Aunque año con año las celdas solares alcanzan mayores índices de eficiencia para producir energía, el llamado límite de Shockley-Queisser establece que una celda fotovoltaica convencional no puede superar un rendimiento del 42 por ciento. Inclusive para diseños más idealizados, pero al mismo tiempo menos realizables, la cota no rebasaría el 86 porciento.

Con lo anterior se busca ejemplificar que las leyes naturales son, y aunque nuestro entendimiento de ellas puede mejorar, debemos comprender que no están ahí para nuestro provecho.

¿Hacer lo que “exige” la ciencia?

Más allá de un mensaje apocalíptico, el informe de las Naciones Unidas busca llamar a las acciones y las posibilidades para lidiar con la problemática. En declaración de otro de los miembros del IPCC:

Limitar el calentamiento a 1,5 °C es posible según las leyes de la química y la física, pero para ello se necesitan cambios sin precedentes- Jim Seka

Hay que tener presente que capacidad no implica efecto. Pongamos el ejemplo de la industria alimentaria. Con el uso de transgénicos y los nuevos métodos de siembra y crianza se produce suficiente alimento para toda la población mundial. Una parte se descarta al no  pasar los estándares de calidad, luego habrá de ser redistribuida de manera no uniforme en el globo para finalmente volver a ser botada en buena medida a nivel comercial y doméstico. Vemos como la resolución de un problema técnico no ha llevado a la resolución del problema concreto del hambre en el mundo.

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Aún con el abasto actual de alimentos, el hambre continúa existiendo y el 98 por ciento se concentra en países en desarrollo. Fuente: Internet

Reducir los problemas humanos a problemas de la ciencia o la tecnología es ignorar la existencia de la complejidad, de un escenario donde intervienen intereses, poderes, ideologías, políticas, economías y dinámicas sociales.

Volviendo a la declaración de Jim Senka, la necesidad de cambios sin precedentes debe incluir aspectos fuera de los científicos. Guterres dijo: se debe “hacer lo que exige la ciencia”. ¿Lo que exige la ciencia? Recordando las palabras de Martin Heidegger: “la ciencia no piensa”, menos exige. No olvidemos que fue la misma ciencia la cual propicio la Revolución Industrial al inicio de este desastre ambiental.

Las crisis del futuro

Retomando las conclusiones del informe del IPCC, esta crisis efectivamente se podría solventar con la ayuda de la ciencia, pero ¿la siguiente también? La necesidad energética de la humanidad solo pareciera crecer y crecer, mas no podemos empujar los límites naturales indefinidamente. En un escenario ultra futurista, las estrellas se apagarán, la energía útil en el universo disminuye cada vez más y más como consecuencia del incremento de la entropía. ¿Hasta donde podremos avanzar? ¡¿Para qué?! Esta noción de sentido no la encontraremos en los enunciados de la ciencia.

Nuestros problemas no solo se limitarán a una lucha contra la naturaleza, también contra nuestra propia naturaleza. Guerras, desigualdad o incluso enfrentarnos con las amenazas generadas por nuestra ciencia. El transhumanismo, las alteraciones genéticas o las inteligencias artificiales podrían ser los nuevos enemigos engendrados por nosotros mismos.

Finalmente, estas reflexiones no tienen como objetivo sumergir al lector en el derrotismo, mucho menos demonizar o desvalorizar a la ciencia, sino intentar mostrarla como es, con sus poderes y limitaciones. También es un llamado a dejar la pasividad, a no esperar que las soluciones surgan por el avance inercial de la ciencia. Ante la complejidad anteriormente mencionada el individuo pareciera ser débil e impotente, pero siempre puede tomar el primer paso de informarse y estar consciente de sus problemáticas.

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