¿Qué dice la ciencia sobre los alimentos genéticamente modificados?

La salud se ha vuelto un gran negocio, como bien describe Gilles Lipovetsky en La era del vacío; y es que «[la] crisis de confianza hacia los líderes políticos, [el] clima de pesimismo y de catástrofe inminente […] explican el desarrollo de las estrategias narcisistas de “supervivencia”, prometiendo la salud física y psicológica». Hoy día, parte importante de ese negocio son las dietas. Sin ir más lejos, es altamente probable que quien lea estas líneas haya escuchado acerca de alguna «milagrosa» dieta alcalina, paleolítica o detox que promete mejorar la salud de quien la adopte e incluso prolongar sus días de vida en la Tierra. Otra variante de esa fijación de la que habla Lipovetsky en torno al cuerpo y la salud es la paranoia respecto a los «siniestros» alimentos genéticamente modificados (GM). ¿Pero qué dice realmente la ciencia sobre los alimentos GM que están diariamente presentes en nuestras mesas?

Todos nuestros alimentos han sido (al menos implícitamente) modificados

De acuerdo con la distinguida genetista de plantas Pamela Ronald, «la modificación genética no es nueva; virtualmente todo lo que comemos ha sido genéticamente modificado de alguna forma». Para ejemplificar, basta una rápida búsqueda en internet de los ancestros del maíz, el plátano, la berenjena o la col de Bruselas; se trata de variedades creadas gracias a muchas y diversas «técnicas genéticas a lo largo de los años. Algunas de ellas son bastante creativas, como mezclar dos especies diferentes usando un proceso llamado injertar para crear esta variedad que es mitad tomate, mitad papa. Los cultivadores también han usado otros tipos de técnicas genéticas, como la mutagénesis aleatoria, que induce mutaciones no características en las plantas», asegura Ronald; incluso el arroz de las papillas «que muchos usamos para alimentar a nuestros bebés fue desarrollado usando esta estrategia». Las técnicas han evolucionado y en el presente algunas «son extraordinariamente precisas».

«La ciencia no es un sistema de creencias»

¿Cómo saber si los genes en la comida son seguros para comer? Pamela responde: «la ingeniería genética, el proceso de mover genes entre especies, ha sido usado por más de 40 años en vinos, en medicina, en plantas, en quesos. En todo este tiempo, no ha habido un solo caso de daño para la salud humana o el ambiente». Enunciemos hechos, casos de éxito internacionales: variedades de arroz con genes de resistencia a enfermedades bacterianas muy serias o a inundaciones (Asia y África); la industria de la papaya hawaiana fue salvada al insertar en el genoma de la papaya un segmento del ADN del virus de la mancha anular (la papaya GM tiene 10 veces menos proteína viral que una papaya orgánica o convencional infectada con el virus); en Bangladesh, berenjenas que contienen gen de la bacteria Bacillus thuringiensis en su genoma dieron como resultado una reducción de 95% de la plaga y casi eliminaron la necesidad de insecticidas (que en países en vías de desarrollo cobran cientos de miles de vidas humanas debido a la falta de equipo apropiado para su aplicación en los cultivos); el arroz dorado GM, por su parte, produce betacaroteno, precursor de la vitamina A, necesaria para ayudar a que cerca de medio millón de niños en países poco desarrollados no queden ciegos y más de un cuarto de millón no mueran por falta de vitamina A.

El inminente riesgo de consecuencias no deseadas

El hecho de que esta tecnología sea a veces la «más barata, segura y efectiva para mejorar la seguridad alimentaria y promover la agricultura sustentable», no la exenta de consecuencias no deseadas; y mucho se habla de los intereses netamente comerciales detrás de los cultivos GM, intereses que incluso podrían tener más ponderación que los propiamente científicos. Sin embargo, resalta Pamela Ronald: ciertamente se inducen «miles de mutaciones sin caracterizar, y este es un riesgo incluso mayor de consecuencias indeseadas que muchos de los métodos modernos. Entonces es muy importante no usar el término O[rganismos]GM porque es científicamente sin sentido. Creo que es muy importante hablar de un cultivo específico y de un producto específico y pensar en las necesidades del consumidor»; sobre la cuestión comercial en países que no son de primer mundo, asegura que «los agricultores no pueden costear las semillas. Estas semillas no se venden. Estas semillas se distribuyen gratuitamente a través de los tipos tradicionales de grupos de certificación, así que es muy importante en países menos desarrollados que las semillas sean gratis».

Ahora bien, las Academias Estadounidenses de Ciencias, Ingeniería y Medicina, publicaron las siguientes conclusiones sobre los efectos de los cultivos GM: agronómica y medioambientalmente, «el comité encontró poca evidencia para conectar los cultivos GM y sus respectivas tecnologías con problemas agronómicos o medioambientales […] Sin embargo, frecuentemente la compleja naturaleza de medir los cambios medioambientales a largo plazo dificulta alcanzar conclusiones definitivas»; en la salud humana, «la investigación que ha sido llevada a cabo en estudios con animales y en la composición química de alimentos GM no revela diferencias que pudieran implicar que comer alimentos GM, en comparación con el consumo de sus equivalentes no GM, conlleve riesgos más altos para la salud humana»; social y económicamente, el comité concluye que tanto pequeños como grandes agricultores han experimentado beneficios mediante cultivos GM, mas «han variado ampliamente en el tiempo y el espacio, y están conectados al contexto institucional en el que se han desplegado los cultivos».

Entonces… ¿sí o no a alimentos genéticamente modificados?

«Luego de 20 años de estudios cuidadosos y rigurosas revisiones hechas por miles de científicos independientes, [se] ha concluido que los cultivos que están actualmente en el mercado son seguros para la alimentación y que el proceso de ingeniería genética no es más riesgoso que métodos antiguos de modificación genética»; y destaca la genetista que las organizaciones responsables de tal veredicto «son las mismas organizaciones en las que la mayoría de nosotros confiamos cuando se trata de otros temas científicos como el cambio climático o la seguridad de las vacunas»; instituciones como la Organización Mundial de la Salud, la Unión de Academias Alemanas de Ciencias y Humanidades o la Real Sociedad de Medicina del Reino Unido.

La directora del Centro Genético Grass del Instituto Conjunto de Bioenergía en Emeryville (California, Estados Unidos) concluye: «en vez de preocuparnos por los genes en nuestra comida, debemos enfocarnos en cómo ayudar a los niños a crecer sanos. Debemos preguntarnos si los agricultores en comunidades rurales pueden prosperar y si todos pueden costearse la comida. Debemos tratar de minimizar la degradación ambiental. Lo que más me asusta de los argumentos y la desinformación sobre las plantas genéticas es que los más pobres necesitan esta tecnología y se les puede estar negando el acceso por los miedos vagos y los prejuicios de los que tienen suficiente que comer. Tenemos un enorme desafío delante de nosotros. Celebremos la innovación científica y usémosla. Es nuestra responsabilidad hacer todo lo que podamos para ayudar a aliviar el sufrimiento humano y salvaguardar el medio ambiente».

¿Quieres saber más?

Te recomendamos: el video «Neil deGrasse Tyson gets to the bottom of GMOs» (parte de la serie StarTalk), la película Food Evolution (dirigida, producida y escrita por Scott Hamilton Kennedy), el breve artículo informativo «Are GMOs safe?» (del Proyecto de Alfabetización Genética, cuyo hermoso lema es «Ciencia, no ideología»), el artículo «GMO safety debate is over» (de la Alianza de Cornell para la Ciencia), la publicación «Scientists Say GMO Foods Are Safe, Public Skepticism Remains» (de National Geographic) y el documento «Statement by the AAAS Board of Directors On Labeling of Genetically Modified Foods» (de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia). Y recuerda: la ciencia no es un sistema de creencias, tampoco es imperfectible; mas, siempre que cuente con la aprobación de la comunidad científica internacional, podemos estar seguros de que trabaja para contribuir a mejorar o garantizar la calidad de vida de los seres humanos.

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