Ciencia e ingenierías son cosas de niñas

Negar a las mujeres el acceso, la presencia en todos los ámbitos, es negar a la sociedad la mitad de su existencia.

 

Judith Zubieta

Miembro de la Academia Mexicana de Ciencias

Pensemos en los grandes personajes de la ciencia, quienes han revolucionado nuestra forma de entender el universo: Galileo, Newton, Darwin, Lavoisier, Einstein, Flemming, Schrödinger… ¿Se te ha venido a la mente alguna mujer? A la mayoría tampoco. Cuando pensamos en una persona que se dedica a la ciencia, de inmediato nos imaginamos un hombre en bata blanca y cabello despeinado, no una mujer. Es natural, entonces, preguntarse acerca del porqué de la escasez de mujeres científicas; más aún: ¿por qué una niña no logra convertirse en científica?

Un estudio realizado por Microsoft en 2017 encontró que los y las adolescentes alrededor de los 11 años de edad poseen interés similar respecto a las ciencias, matemáticas e ingenierías; sin embargo, el interés de las niñas decrece dramáticamente al llegar a los 15 años. Las razones asociadas a tal desinterés son: las niñas perciben un ambiente de inequidad laboral en la ciencia, la falta de modelos a seguir y las expectativas sociales asociadas a los roles de género, afirmó Martin Bauer de la Escuela de Economía de Londres.

Es triste darse cuenta de que las razones asociadas al desinterés de las niñas están perfectamente justificadas; su desinterés y miedo retrata el estado actual de la ciencia, engloba el punto de vista general de la sociedad respecto al rol de la mujer, pues es natural que la desigualdad social de un país se vea reflejada en la desigualdad de la participación de las mujeres en la ciencia.

Según un estudio realizado por la Cátedra Regional Unesco Mujer Ciencia y Tecnología en América Latina en conjunto con otras organizaciones y estadísticas del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología:

  • La posibilidad de que una mujer termine una licenciatura, maestría y doctorado en ciencia es respectivamente de: 18%, 8%, 2%; mientras que en los hombres es de: 37%, 18% y 6%.
  • En el Sistema Nacional de Investigadores el 36% de son mujeres.
  • En México el 38% de los padres cree que existe un desempeño superior de los niños respecto a las niñas en el ámbito de las ciencias.
  • En México 4 de 10 docentes cree que hay diferencias de desempeño entre niñas y niños en los ámbitos de informática y matemáticas.
  •  El 55% de la población general opina que la baja participación de las niñas en ciencia se debe a los pocos estímulos en el hogar.
  • 9 de cada 10 niñas latinoamericanas asocian ingeniería con masculinidad.

A raíz de lo obtenido, donde se deja en claro el momento en que nuestras niñas se apartan de la ciencia, así como las razones que dan lugar a ello, se proponen acciones para combatir tal desigualdad:

  • Visibilizar referentes femeninos en ciencia y tecnología.
  • Informar de forma amplia y relevante sobre los beneficios de la tecnología en la mejora de la vida.
  • Incursión de las niñas en actividades extraescolares de carácter científico.
  • Nutrir la vocación de niñas interesadas en cursar estudios superiores de ciencia y tecnología.
  • Incrementar el número de mentores y modelos a seguir de científicas e ingenieras.

Queda claro que la responsabilidad de hacer un cambio sustancial en la situación actual de la ciencia y las niñas se encuentra en manos de todos, pues cualquiera puede ser un ejemplo y fomentar las vocaciones científicas en niñas.

Es deber de madres y padres fomentar el amor por la ciencia y hacer saber a la sociedad y a sus hijas que son igualmente capaces que cualquier niño de convertirse en personas de ciencia. Maestros y educadores deben darse a la tarea de evidenciar los fines prácticos de la ciencia, así como resaltar lo accesible y fascinante que hay en ella; mostrar experimentos y divertirse haciendo ciencia, dejar atrás el estigma de que hay que ser un genio para estudiar y entender los fenómenos naturales y sociales.

Respecto a las científicas y científicos, pueden ayudar a mejorar la situación uniéndose a campañas o iniciativas orientadas a visibilizar la existencia y las contribuciones de las científicas, así como luchar por un ambiente laboral equitativo y libre de violencia, donde las futuras científicas puedan desarrollarse cabalmente.

Como científica en desarrollo, puedo afirmar que las mujeres debemos afrontar no sólo un reto académico enorme, que requiere sacrificios y dedicación, sino también el desafío de navegar en un entorno que nos repite constantemente que no somos capaces de lograrlo.

El compromiso de mejorar recae en todos, pues es nuestra la responsabilidad de mejorar la sociedad en que vivimos. La equidad de género en el ambiente científico permite una mejora en el desarrollo de ciencia y tecnología, lo cual repercute en una mejor vida para todas y todos, con la ciencia al servicio de la sociedad.

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