La química del amor

Romeo y Julieta, una obra maestra con final trágico del dramaturgo inglés William Shakespeare publicada en 1597, nos hace pensar que la sociedad, limita y condiciona a la persona, moldeando, el modo de pensar, come, de vestir y hasta de amar.

La sociedad se ha rasgado y ha tratado de moldear al individuo, a un ser seudo-perfecto influenciando tanto su etnia como en la parte religiosa, que desde niños nos mentalizan lo que esta bien y lo que está mal, haciendo creer que eso es verdad.

En el amor no ha sido una excepción, la sociedad actual, nos da parámetros de aceptación siento esto que dos seres de sexo opuesto, pueden contraer nupcias pero, que sucede de los que no piensan de la misma manera.

Esto ha traído como un tabú en la sociedad antigua y moderna de no respetar el amor de los individuos, ya sea del mismo sexo, de diferentes edades muy estrechas o de religiones distintas.

Pero que sabemos de este sentimiento que no se puede medir pero puede hacer que una persona cometa locura total, sin medir las consecuencias.

El amor en nuestro cuerpo

En nuestro cuerpo el llamado ” AMOR”, no es mas que una dosis del cual el cuerpo se auto segrega compuestos químicos, para ayudan a sentirse de lo mejor, cuando uno esta enamorado.

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La droga del amor y lo adictivo

La oxitocina: un abrazo vale más que mil palabras.

La oxitocina es una sustancia endógena (segregada por el cuerpo) y actúa como una droga (sustancia exógena introducida en el cuerpo desde el exterior), liberando transmisores como la dopamina, la noradrenalina (norepirefrina) o la serotonina.

Estos neurotransmisores permiten la inundar el cerebro de feniletilamina. Este compuesto químico es de la familia de las anfetaminas, y tiene una duración en el cerebro de unos 4 años según la teoría de Donald F. Klein y Michael Lebowitz surgida en la década de los 80. El chocolate es rico en este compuesto, por eso es habitual que durante el “mal de amores” se consuman cantidades excesivas.

La serotonina: el neurotransmisor de la felicidad.

La serotonina actúa sobre las emociones y el estado de ánimo. Es la responsable del bienestar, genera optimismo, buen humor y sociabilidad y es conocida por representar un papel importante en la inhibición de la ira y la agresión. Niveles bajos de serotonina están asociados con la depresión y la obsesión (síntomas del desamor). Los fármacos antidepresivos, se encargan de aumentar los niveles de serotonina para corregir el déficit neuroquímico, y es por eso que al Prozac (el antidepresivo más famoso del planeta) le llaman la droga de la felicidad. Las experiencias positivas constantes y los pensamientos positivos, también aumentan los niveles de serotonina. En cambio los pensamientos desagradables, las malas noticias, hablar de cosas tristes y preocupantes o enfadarse, inhiben completamente la activación de la serotonina.

La dopamina: adictos al amor.

La dopamina está relacionada con el placer, y es el neurotransmisor que desempeña un papel importante en los juegos de azar, el uso de drogas, y también en el amor. Cuando nos enamoramos, la dopamina se libera, haciendo que las parejas se sientan eufóricas y enérgicas. “Sí alguien es único en su vida y se centra en esa persona, es porque el sistema de la dopamina se ha activado”, dice Helen Fisher (2004), antropóloga biológica.

La dopamina es importante ya que está implicada en el sistema de recompensa. El placer hace que nos sintamos bien, que tengamos relaciones sexuales, que comamos alimentos, y que hagamos cosas que nos permitan sobrevivir. Pero tanto en la droga como en el amor, cuando el estímulo externo (droga) o intero (oxitocina) desaparecen, puede crear problemas serios para una persona. Entonces aparece el mono y la obsesión.

Noradrenalina: la dosis de adrenalina.

La noradrenalina o norepirefrina es el neurotransmisor que induce a la euforia en el cerebro, excitando el cuerpo y dándole una dosis de adrenalina natural. Esto hace que el corazón lata más rápido, la presión arterial se eleve y hace que respiremos más pesadamente para que llegue más oxigeno a la sangre. Provoca el síntoma de las palmas sudorosas y de los rubores de las primeras etapas del enamoramiento.

Es por ello que el amor, domina la razón , hasta que se acabe los químicos, que sostiene este sentimiento, que es tan imprescindible en la sociedad.

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