Los tecnosuelos en México

Constantemente leemos infinidad de noticias, infinidad de problemas y muy pocas soluciones, sin embargo, es importante que sepamos que hay mucha gente que esta haciendo algo en busca de mejorar la vida y los ecosistemas en conjunto con la ciencia.

La modernidad y la prisa del día a día nos impiden en ocasiones ver la realidad del mundo donde vivimos pero es un hecho ya que las consecuencias de un ritmo de vida tan acelerado se refleja en los ecosistemas y en el medio ambiente natural.

Por tal motivo, la innovación de métodos que permitan tener una relación amigable con la naturaleza es, sin duda, un tema importante a poner en práctica, devolviendo un poco de lo que hemos tomado sin preocupación.

Hoy en día numerosos proyectos que se llevan a cabo en diferentes partes del mundo buscan evitar más daños a nuestro planeta, remediar lo que ya hemos hecho con acciones que priorizan la sustentabilidad de los recursos naturales.

Tal es el caso de la creación de ladrillo ecológico en Michoacán, México; los captores de humedad atmosférica creados por comunidades rurales en Perú como medida de acción en contra de la escases de agua, a su vez, sin extraer el vital líquido de los acuíferos y dejando se recarga de manera natural.

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Tecnosuelos creados por UNAM e Instituto de Geología.

¿Qué es un ‘tecnosuelo’?

Actualmente la Universidad Nacional Autónoma de México en conjunto con el Instituto de Geología  producen desde hace cinco años los también llamados suelos artificiales o “a la medida”, que no son más que mezclas de residuos orgánicos e inorgánicos, con el objetivo de crear milpas urbanas, jardines y azoteas verdes, así como para hacer labores de revegetación y evitar inundaciones o encharcamientos en la Ciudad de México.

Actualmente, los universitarios prueban siete tecnosuelos, creados con diferentes combinaciones: por un lado, residuos orgánicos, como la composta proveniente de una de las plantas de la Ciudad de México; lombricomposta, en cuya producción se emplea la lombriz roja o californiana (Eisenia foetida); aserrín, que por su baja densidad favorece el crecimiento radical de las plantas; y biocarbón, obtenido por la descomposición térmica (pirólisis) de cualquier residuo orgánico y utilizado para mejorar las propiedades de los suelos.

En un comunicado, la máxima casa de estudios del país destacó que antes de experimentar con suelos artificiales para cultivar en una milpa urbana maíz, frijol y calabaza, se hizo un inventario de desechos orgánicos e inorgánicos de la Ciudad de México.

Ya se tiene una lista y se han usado para ensayos a diferente escala: macetas, invernaderos y ahora a cielo abierto (milpa urbana), con las condiciones climáticas de la metrópoli”, indicó la investigadora Blanca Lucía Prado Pano.

En la ciudad la mayoría de los suelos se encuentran compactados y cubiertos por cementos o algún otro material, así que en estos suelos artificiales pueden plantarse árboles nativos y recuperar funciones ecológicas que mantengan un equilibrio con el ritmo tan ajetreado de la ciudad.

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