Conacyt da prioridad a ciencia que combate la pobreza

En virtud del gran poder de la ciencia y la tecnología para atraer el bienestar, las naciones deben crear dependencias que las regulen, las apoyen y decidan cómo se gestionarán los recursos destinados a ellas. En el caso de México, se trata del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

La directora del Conacyt de la nueva administración

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María Elena Álvarez-Buylla Roces. Fuente: internet.

Con la  llegada de la nueva administración a la presidencia para el período 2018-2024, también es conocido quién será la nueva titular de dicha dependencia. Se trata de la doctora María Elena Álvarez-Buylla Roces, investigadora del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y ganadora del Premio Nacional de Ciencias 2017.

Con su nombramiento se advierten una serie de cambios en la dirección del Conacyt, según lo que se muestra en el documento «Plan de Reestructuración estratégica del CONACyT para adecuarse al Proyecto Alternativo de Nación (2018-2024) presentado por Morena». 

Prioridad a la consecución de equidad social

En dicho texto se puede apreciar de manera temprana y recurrente la noción de una ciencia comprometida con la sociedad y en pos del combate de los rezagos sociales. En particular, se lee:

… Se priorizarán problemáticas que aquejan a los más pobres, como son los impactos desmedidos de contaminantes ambientales en su salud, baja calidad de los alimentos y del agua, o se promoverán innovadores enfoques científicos y tecnológicos para la agricultura de pequeña escala campesina

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Imagen ilustrativa de la agricultura de pequeña escala campesina. Fuente: internet.

… Se priorizará el entendimiento y la solución de problemas urgentes de atender
en aras de una mayor equidad social, y para prevenir la emergencia de nuevos conflictos…

¿En qué consiste el cambio?

Esta visión utilitaria de la ciencia se proclama distinta a lo realizado en años anteriores pues, de acuerdo con la académica, muchos recursos de Conacyt se han destinado a empresas privadas que se alimentan de los proyectos tecnológicos, más guiados por el interés particular que por el público.

Lo anterior se puede apreciar si observamos, por ejemplo, la convocatoria para becas al extranjero de Conacyt en el estado de Sonora, donde se priorizaba los estudios con relación en las áreas automotriz, minera y aeroespacial, entre otras. Cabe destacar que la entidad aloja grandes empresas privadas que trabajan esos rubros.

En contraste, la nueva visión asegura buscar una ciencia que permee en los estratos sociales más bajos y esté comprometida con su comunidad.

Retos de la nueva visión

Sin embargo, dadas estas aspiraciones nos debemos plantear cómo sobrellevar el obstáculo de llevar la ciencia al servicio de la sociedad cuando ésta última no la conoce ni confía en ella. De acuerdo con las Encuestras sobre la percepción pública de la ciencia en México realizadas por el Conacyt y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en 2012 57.5% de la población consideraba que los científicos pueden ser peligrosos debido a sus conocimientos.

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Bomba atómica arrojada sobre Nagasaki. Fuente: internet.

Los estudios realizados en 2017 muestran que 77.0% acepta la eficiencia de tratamientos médicos no reconocidos por la ciencia, como la homeopatía; y 29.9% piensa que los primeros humanos convivieron con los dinosaurios.

Así como lo señalaba el investigador de la UNAM y la Universidad de Harvard Maximlio Aldana en su artículo «¿Qué le falta a la ciencia en México?», uno de los grandes problemas que se enfrentan en el país es la carencia de una cultura científica. Por lo que, a la par de las posturas planteadas, será necesaria también una gran labor de difusión y educación.

La necesidad de abordar todas las aristas del problema

Si bien esta necesidad es abordada en el documento de Álvarez-Buylla, junto con la importancia de apoyar las áreas básicas de investigación y el desarrollo de las ciencias más de allá de su valor utilario, es notorio el ahínco que se imprime y la gran inclinación a priorizar lo que ella llama «la investigación orientada».

Todos son aspectos que no se deben dejar de lado y que además se complementan unos a otros. Esto es, si hay mayor alcance tanto de las ideas como de las aplicaciones de la ciencia, más fácil será que la sociedad la acepte y la integre para la resolución de problemas. Y, si la ciencia tiene mayor éxito al encontrarles solución, tendrá más apoyo para desarrollarse libremente.

Evaluaciones, aumento al presupuesto y más

Además de este cambio de paradigma, la catedrática de la UNAM tiene el acierto de llamar la atención a otros temas sensibles dentro de la comunidad académica, como lo son la revisión los sistemas de evaluación dentro del Sistema Nacional de Investigadores y la fuga de cerebros.

También se exigirá un presupuesto correspondiente a 1% del producto interno bruto nacional. Un aumento  respecto a años anteriores, sin duda, pero aún lejos de los demás países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, que invierten en promedio 2.55% de sus presupuestos en investigación y desarrollo.

Ciertamente se trata de una propuesta diferente, con orientaciones sociales claramente marcadas. Los años venideros nos mostrarán si esta estrategia se puede llevar a cabo de manera equilibrada y eficaz. Pero para verlo no es necesario sólo esperarlo, sino participar en el cambio como miembros de la comunidad científica, académica y civil.

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