La primera gata en el espacio: la historia de Félicette

Todos conocemos a Laika, la primera perrita en el espacio, enviada por los rusos en 1957. Probablemente no tantas personas conocen a Ham el chimpancé, enviado por Estados Unidos en 1961, quien es también famoso. Pero muy pocos son siquiera conscientes de que un gato ha ido al espacio en primer lugar. Conoce a Félicette: la astrogata, enviada por Francia en 1963 fuera de la Tierra, con la misión de sobrevolar su superficie para analizar cómo la falta de gravedad afecta a los seres vivos.

A la izquierda, la gata Félicette con su huella autografiando la fotografía para los equipos que trabajaron en el proyecto, lleva la mención «Gracias por participar en mi éxito, 18 de Octubre de 1963«; A la derecha, una columna de un periódico estadounidense hablando de ella.
Créditos: CERMA, 1963

El proceso de selección

Al igual que Laika, Félicette era también una gatita callejera (al menos eso es lo que cuenta la leyenda). Ella, junto con otras 13 gatas, fue comprada a un distribuidor de mascotas por el Centro de Enseñanza e Investigación de Medicina Aeronáutica (Cerma). Cada gata individual fue seleccionada por su temperamento. Todas eran hembras, ya que su comportamiento suele ser más tranquilo. Ninguna tenía nombre antes del lanzamiento, solo números; así evitarían que los científicos fueran a encariñarse con ellas. De igual forma, todas tenían electrodos permanentes implantados quirúrgicamente en el cerebro para evaluar su actividad neurológica durante las pruebas.

Las otras competidoras por ser el primer astrogato en 1963, confinadas en sus contenedores. Félicette se encuentra al fondo a la derecha. Créditos: Cerma, 1963

Las 14 gatas pasaron por un entrenamiento intensivo: el uso de la silla de tres ejes de alta centrifugadora G, ruido de cohete simulado, el confinamiento en su contenedor, la experiencia de soportar la tela de sujeción, etc. El entrenamiento duró dos meses, límite establecido debido al riesgo de polarización de los electrodos.

Al final la elegida fue una gata tuxedo, numerada ‘C 341’, debido a la calma y disposición que mostró en el entrenamiento; aunque, según otras fuentes, fue porque las otras gatas habían ganado más peso. La llamaron Félicette, en honor a Félix el gato, un personaje de caricaturas que data desde el cine mudo.

Felicette en su cápsula, con una científica del programa. Créditos: Cerma, 1963

Viaje al espacio

Félicette realizó un vuelo balístico (sin encontrarse en órbita) muy corto el 18 de octubre de 1963, 15 minutos en total. Despegó a bordo del cohete Véronique AG1, del cual ella era la única pasajera, viajando a 6 veces la velocidad del sonido, y soportó fuerzas de hasta 9.5g. El recorrido hasta la ionósfera duró 10 minutos, hasta alcanzar una altura récord, para el momento, de 157 km. Pasó 5 minutos flotando en el espacio, experimentando la ingravidez. Los científicos vigilaban de cerca a la gatita, monitoreando su respiración y ritmo cardíaco a través de los electrodos implantados en todo su cuerpo.

Finalmente, la cápsula que contenía a Félicette se separó de su cohete y regresó en paracaídas sana y salva al suelo, aterrizando no muy lejos del lugar de donde había despegado.

Laika, de su vuelo del 3 de noviembre de 1957, no regresó viva; murió por el sobrecalentamiento de su nave horas después del lanzamiento, porque no se sabía todavía cómo hacer volver a la Tierra un objeto en órbita. A diferencia de ella, Félicette completó su misión y regresó sana y salva a casa. Aunque, unos meses después, fue sacrificada para que el equipo científico pudiera examinar su cerebro.

Francia en la Carrera Espacial

Corrían los primeros años 60, la Guerra Fría estaba en su apogeo, y Francia no quería dejar de ser una potencia mundial. En ese entonces, la mejor opción para conseguirlo era tener un programa espacial. En 1949, los franceses comenzaron a construir un polígono de pruebas para cohetes y misiles en Hammaguir, Colomb-Béchar, en el corazón del desierto del Sahara, Argelia, conocido como CIEES (Centre Interarmées d’Essais d’Engins Spéciaux) y pronto comenzaron a lanzarse desde allí todo tipo de vehículos. Los más conocidos son la familia de cohetes Véronique, con el objetivo de estudiar la alta atmósfera y perfeccionar los sistemas de guiado y navegación de los futuros misiles franceses. El programa francés de cohetes comenzó en 1961.

Desde el principio, animales eran enviados al espacio con cohetes sonda (no lo suficientemente potentes para poner cápsulas en órbita), sencillamente para comprender el funcionamiento del animal en microprocesador y sacar conclusiones generales sobre la fisiología, el conjunto de interacciones fisicoquímicas que se producen dentro de un organismo. Los análisis ofrecieron, en esta época, una ventana nueva sobre los mecanismos de regulación de las grandes funciones como la circulación sanguínea, la respiración, la reproducción, la coordinación de los movimientos… así, eventualmente, y con esos conocimientos, se podría enviar un ser humano de forma segura.

La base de Francia en el Sahara lanzó una rata llamada Héctor el 22 de febrero de 1961, haciendo que Francia se convirtiera en el tercer país en lanzar animales al espacio. A Héctor le implantaron electrodos en el cráneo para poder controlar la actividad neurológica. Los días 15 y 18 de octubre siguieron otros dos cohetes con ratas, para estudiar sus cerebros en la microgravedad; pero querían enviar un mamífero más grande.

¿Por qué una gata?

A diferencia de los demás países, los científicos franceses decidieron que su siguiente astronauta sería un gato, ya que llevaban mucho tiempo utilizándolos para los estudios de neurofisiología en la época, especialmente para el estudio del sueño y de la atención. Eligieron un animal cuyas características fisiológicas conocían muy bien para probar su comportamiento durante un vuelo espacial.

1963. Félicette en su cápsula, conectada y lista para la misión. Créditos: CNES, 1963

La misión de Félicette’s ayudó a que Francia entrara a la carrera espacial .

Hanneke Weitering, space.com

El legado de la astrogata

Félicette y su aventura fueron eclipsados por los demás animales, lanzamientos y las demás potencias de la carrera espacial. Principalmente porque, para el año en que ella fue al espacio, ya habían ido los primeros astronautas rusos y estadounidenses humanos al espacio, y toda la atención mediática estaba en otra parte. Aún así, algunas notas sobre ella salieron en los periódicos de varios países.

Para el aniversario de su lanzamiento su memoria fue aún más hundida al lanzarse una serie de sellos conmemorativos, destinados a celebrar las contribuciones de la gata: terminaron etiquetándola erróneamente como un gato macho llamado Félix (facepalm). A su muerte, Ham el chimpancé fue elogiado, y sus restos enviados para su entierro en el Salón de la Fama Espacial Internacional, y al menos dos monumentos se han construido en memoria de la perra Laika. Pero Félicette aún no había recibido ni una conmemoración comparable.

A la derecha, sello conmemorativo de la República del Níger​​​ que lee «Gato Félix» ; A la izquierda, sello conmemorativo que lee «Gato Félix en el cohete Véronique». Créditos : Kickstarter

No fue hasta octubre de 2017, 54 años después del lanzamiento del Veronique, que Matthew Serge Guy, director creativo de una agencia publicitaria británica, y apasionado del espacio, decidió rendirle un homenaje a la astronauta lanzando un «Kickstarte#AstrocatStatue. Dependiendo de cuánto estuvieran dispuesto a donar, las recompensas incluían postales «autografiadas» (con la huella real de Félicette), insignias de pin de esmalte, bolsas de mano y fotografías impresas de Félicette. Los donantes más generosos tendrían sus nombres incluidos en una placa junto a la estatua y se les daría una pequeña réplica de la estatua.

Gracias a la participación de más de mil personas en el internet, fueron recaudados más de 48.000 euros. Así, la escultora Gill Parker, especialista en bronces de animales, fabricó finalmente la merecida estatua de esta felina cósmica, sentada sobre un globo, contemplando las estrellas, que recibe a los invitados del Vestíbulo de los Pioneros del Espacio en la Universidad Espacial Internacional de Estrasburgo, Francia.

Primeros bocetos de la estatua en honor a Félicette. Créditos : Kickstarter.
Hace casi dos años, Matthew Serge Guy, el hombre que inició la campaña de Kickstarter para recaudar 52.439 dólares para construir una estatua conmemorativa con la esperanza de restaurar a Félicette al panteón de los grandes exploradores del espacio. @matthewsergeguy

«La realidad es que Félicette fue una participante involuntaria en este proyecto. Recibió un entrenamiento masivo antes de la misión que finalmente le quitó la vida. La nueva estatua de bronce debe servir como un recordatorio de los sacrificios hechos por todos los astronautas animales en toda la Carrera Espacial.«

Smithsonian

3 comentarios en “La primera gata en el espacio: la historia de Félicette

  1. Cómo amante de los animales, detesto que la pobre gata, en contra de su voluntad, seguramente, la mandaron al espacio amarrada. Seguramente estaba muy asustada.
    Y, para el colmo, la matarán después cuando fue un gran logro que volviera viva!
    Lo mínimo que podían hacer era hacer una estatua en su honor.
    Gracias por darnos a conocer a este personaje que se merecía más

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