Día Mundial de las Abejas

La historia de las flores y la nuestra está entretejida con la de las abejas. Gracias a ellas podemos comer frutas deliciosas, las plantas pueden seguir creciendo, además de ser indispensables para conservar la biodiversidad.  Para crear conciencia sobre su importancia, las amenazas a las que se enfrentan y su contribución al desarrollo sostenible la Organización de las Naciones Unidas declaró el 20 de mayo como Día Mundial de las Abejas

Las abejas pertenecen a la familia Apidae y todas las integrantes de ella tienen ciertas características en común. Presentan dos pares de alas, extremidades articuladas, un par de antenas, un aparato bucal que usan para recolectar el néctar de las flores y además, están cubiertas por vellosidades. Al visitar una flor, el polen se queda pegado a ellas debido a que en sus patitas tienen también un pequeño hueco llamado corbícula o canasta de polen, estructura que tienen para transportar estos granos a su colmena y a otras flores. 

Las Abejas y las Flores

Además de proteínas, el polen tiene vitaminas y minerales, mientras que el néctar es su principal fuente de carbohidratos. Así que las flores de las cuales se alimentan estos insectos son de gran importancia. 

A pesar de que se alimentan de muchas flores diferentes, las abejas tienen a sus favoritas. Si bien hay muchas cosas que descifrar al respecto, sabemos que les gustan mucho las flores azules y las amarillas. Por mucho tiempo se creyó que no podían ver el color rojo, y que las flores de este tono las veían de color negro. Sin embargo, las abejas visitan estas flores, lo cual llevó a estudiar y descubrir que sí son capaces de distinguir estos colores y sus tonalidades, un recordatorio de lo poco que sabemos sobre cómo los insectos ven el mundo y lo mucho que hay por descubrir.

Las flores en tonos azules y morados son atractivas para las abejas. En la foto podemos ver a una abeja sobre un jacinto, con su canasta de polen llena. Fuente

No todo el polen es igual de nutritivo y las abejas lo saben. Este fino polvo es su única fuente de proteínas, por lo cual es importante cuidar que siempre haya suficiente en la colmena. Las pequeñas larvas de abeja lo necesitan para crecer, así que cuando las reservas de polen son bajas, se toman cartas en el asunto. 

Las abejas obreras recolectoras, aquellas que salen de la colmena para buscar alimento, ajustan su colecta dependiendo de lo que necesiten como población. Se cree que las abejas recolectan polen rico en proteínas cuando las reservas en la colmena son suficientes o incluso se aventuran a buscar nuevas especies de flores cuando es así. De no serlo, las abejas recolectan mayores cantidades de polen para compensar el hecho de que este no sea tan nutritivo, además de reclutar más abejas exploradoras para hacerlo.

¿Abejas bailarinas?

Cuando las recolectoras encuentran un campo de flores que les ofrecen polen y néctar, regresan a la colmena para comunicar a sus compañeras mediante una forma muy especial: lo hacen bailando. 

Esta estrategia ocurre en una pista de baile especial, cerca de la entrada de su colmena. Al regresar de su viaje, una abeja con noticias para compartir se dirige la pista donde sus compañeras se reúnen a su alrededor. A través de sus movimientos les indica la dirección y la distancia de la fuente de polen que encontró. 

Este baile les dice todo lo que necesitan saber. Mueven su abdomen de lado a lado, movimiento denominado meneo, para indicar la distancia. Entre más se menee, más lejos se encuentra su alimento. También señalan la dirección de la fuente que encontraron, tomando como referencia al sol. Se menean en el ángulo en el cuál se encuentran las flores que planean visitar incluso incrementan la intensidad del meneo si las flores que encontraron son especialmente ricas.

El baile de las abejas. Con sus movimientos, las recolectoras comparten la dirección y la distancia a la que se encuentran las flores de donde obtienen su alimento.
Las abejas comunican a sus hermanas sobre las flores que encontraron a través del baile

Abejas Mexicanas

Cuando pensamos en una abeja inmediatamente imaginamos a un insecto pequeño, con rayas negras y amarillas que además produce miel dorada. Se trata de la abeja melífera (Apis mellifera), la más conocida y la que es más usada en la apicultura. Sin embargo, existen alrededor de 20,000 especies de abejas en el mundo. No todas producen miel o viven con otras abejas, y además existen de muchos colores y tamaños diferentes.

México es uno de los países con mayor diversidad de abejas en América, siendo el hogar de alrededor de 2000 especies incluyendo especies endémicas, es decir que sólo sólo pueden encontrarse en un lugar en el mundo. A estas especies las llamamos abejas nativas.

Desde mucho antes de la llegada de los colonizadores europeos y las abejas que trajeron con ellos, los pueblos indígenas ya conocían y cuidaban de varias especies nativas. La abeja melipona (Melipona beecheii) es endémica de Yucatán y la cultivan los pueblos mayas desde hace cientos de años. La llaman “abeja sagrada”, no sólo por sus propiedades curativas sino porque también es parte importante de su religión. El dios Ah Mucen Kaab es el protector de estos meliponinos y de las personas que se dedican a recolectar su miel. En la cultura maya, estas son tan importantes que solían realizarse varias ceremonias al año en su honor.

Abejas meliponas sobre uno de sus potes de miel. Fotografía por Diana Caballero

Esta miel proviene de flores de las selvas yucatecas y su producción está presente en comunidades mayas, principalmente atendida por mujeres. Además de su rico sabor, esta miel tiene propiedades antibióticas y es utilizada para tratar infecciones en los ojos, oídos, problemas respiratorios, heridas en la piel e incluso para ayudar en la recuperación después del parto.

Mujeres envasando la miel de la abeja melipona. Foto por C. Dreckman

Estas abejas son también las mejores polinizadoras para muchos cultivos como el tomate, chile habanero, achiote, aguacate, calabaza, sandía, mango y muchos otros.

¿Qué podemos hacer nosotros?

Las abejas se encuentran amenazadas por muchas cosas. Las poblaciones de polinizadores van disminuyendo cada vez más rápido, debido principalmente a la deforestación, pérdida de manglares, prácticas agrícolas intensivas, plaguicidas tóxicos, especies exóticas invasoras, enfermedades, plagas y el cambio climático.

Los agricultores, el gobierno y nosotros como ciudadanos tenemos un papel importante que desempeñar en la protección de estas especies. Acciones como fomentar la participación de los pueblos rurales e indígenas en la toma de decisiones, además de destinar los fondos necesarios para aplicar estos cambios tendrían un gran peso sobre el futuro de estos inectos tan especiales. Nosotros también podemos poner nuestro granito de polen investigando y sembrando flores originarias de la región donde vivimos, para así también apoyar a las abejas nativas a nuestro alrededor.

El destino de las abejas y el nuestro está unido, ¡involucrémonos para su protección y bienestar!

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