Nada que curar: La “ciencia” detrás de los esfuerzos para corregir la orientación sexual (parte IV)

Tras décadas siendo objeto de experimentos y protocolos que pretendían modificar su identidad, la comunidad LGBTTTIQ+ tomó acciones para luchar contra el estigma y el daño al que habían sido expuestos. Luego del retiro de la homosexualidad del DSM, los esfuerzos para corregir la orientación sexual y la identidad de género encontraron nuevas formas de subsistir, alargando una batalla que se mantiene hasta nuestros días.

Los noventa: La Organización Mundial de la Salud cierra el debate

En 1948, nace la Organización Mundial de la Salud (OMS) y con ella los estándares y políticas sanitarias que deberían implementar los países en el mundo. Una de sus primeras deliberaciones fue la publicación, el mismo año de su fundación, de la sexta clasificación internacional de enfermedades (CIE-6). En esta sexta edición del texto se incluía por primera vez una clasificación para los desórdenes mentales, habiéndose incluido a la homosexualidad dentro de esta categoría.

Con el paso de los años, ante la falta de evidencia que permitiera establecer cualquier clase de nexo patológico y ante múltiples demostraciones que encontraban a la homosexualidad como un aspecto intrínseco de la sexualidad humana, diferentes asociaciones comenzaron su descategorización.

Aunque la Asociación Norteamericana de Psiquiatras había desclasificado el término como enfermedad desde 1973, no fue hasta el 17 de mayo de 1990, durante la 43ª Asamblea Mundial de la Salud, que la OMS decidió retirar la homosexualidad de la clasificación internacional de enfermedades. Desde entonces, la orientación sexual no debe considerarse un trastorno.

Los doce pasos: Love in action

A pesar del retiro de la homosexualidad del DSM y de la clasificación internacional de enfermedades, los esfuerzos para corregir la orientación sexual y la identidad de género (ECOSIG) se resistieron a desaparecer; mientras que los médicos abandonaron gradualmente su práctica, apareció un creciente número de asociaciones y grupos conservadores que permitieron la sobrevivencia y evolución de esta clase de técnicas.

Uno de estos primeros grupos fue Amor en acción (love in action), actualmente conocido como Camino de restauración (restoration path). Para los líderes de esta institución, la homosexualidad es vista como una adicción. Como tal, debe ser atendida mediante la enseñanza espiritual y variaciones de un programa de doce pasos que, invariablemente, llevaban a sus usuarios al quebrantamiento psicológico. En 1976, tres años después de su fundación, Amor en acción formó la red Exodus Internacional, en la que participan asociaciones con un modelo similar en 17 países diferentes.

En 2008, John Smid, director de Amor en acción durante 22 años, renunció al programa tras las múltiples denuncias hechas por jóvenes que habían sido parte de sus programas. En 2011, Smid reveló a los medios que mantenía una relación sentimental homosexual y que reconocía que era imposible cambiar la orientación sexual de las personas.

Pese a sus declaraciones, las técnicas que desarrolló e implementó siguen siendo prevalentes en muchos rincones del mundo y han sido base para el nacimiento de otras organizaciones que promueven esta clase de prácticas abusivas y poco éticas.

El siglo XXI: El peligro de la discriminación e intolerancia

En nuestros días, la homosexualidad sigue siendo castigada en setenta países y puede ser objeto de pena de muerte al menos en doce de ellos. Si bien se ha avanzado de forma importante en materia de derechos LGBTTTIQ+ en los últimos años, los ECOSIG siguen siendo permitidos en la mayor parte de los países del mundo. Solo cuatro naciones: Brasil, Alemania, Malta y Ecuador han dispuesto leyes aplicables en todo su territorio que prohíben esta clase de prácticas.

De acuerdo con datos del instituto Williams de la Universidad de California en Los Ángeles, en Estados Unidos alrededor de 698 000 personas han sido parte de estudios o terapias que involucraron esfuerzos para corregir su orientación sexual; de ellas, 16 000 personas participaron antes de cumplir dieciocho años.

Un estudio de la Universidad Estatal de San Francisco publicado en 2020, reveló que los jóvenes que han sido obligados a recibir esta clase de tratamientos son más propensos a desarrollar síntomas depresivos e ideación suicida, pese a lo cual estas prácticas no han desaparecido.

En México, se conoce la existencia de clínicas y programas que operan desde la clandestinidad y que promueven la reconversión sexual. En muchos casos, estos grupos privan a sus usuarios de sus derechos básicos y los someten a prácticas que pueden ir desde la privación de alimento hasta las violaciones correctivas. Solo la Ciudad de México y el Estado de México contemplan normativas para atender a este fenómeno.

La historia nos ha enseñado que existe un problema de identidad y reconocimiento en la sociedad. Este problema se llama homofobia, y es contra lo que debemos desarrollar esfuerzos y prácticas para erradicarla. Ninguna persona debería ser objeto de las miradas, las burlas o las críticas de otros por desear tocar las manos o encontrar sus labios con la persona que ama. A nuestra generación le corresponde hacer de este planeta un lugar que todos puedan llamar hogar, un sitio para sentirse seguros, donde nada ni nadie pueda apagar nuestra luz.

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