¿Qué son las ciencias exactas?

Comúnmente se hace la distinción entre ciencias exactas (o duras) y ciencias sociales (o ciencias blandas). Aún más rampante es la connotación denigrante de muchos científicos buscando hacer menos a otros investigadores. ¿Qué nos puede decir la historia de la división de la ciencia al respecto?

Empecemos por aclarar algunos conceptos. Los nombres de ciencia dura y ciencia blanda no tienen una verdadera aplicación o proveen alguna utilidad a la práctica científica. El argumento presentado para demarcar esta división, sin embargo, tiene predecesores que vienen desde el siglo XIX. Matemáticos y filósofos naturales (nombre con el cuál se le llamaba a las personas que hoy en día llamamos científicos) plantearon la idea de que algún día, todo en el universo podría ser calculado y previsto gracias a observaciones hechas a través de las matemáticas y la física.

Otros pensadores marcaron la división entre aquellas ciencias que estudiaban el mundo natural y las que estudiaban el mundo humano. En esta separación empezamos a ver indicios de las etiquetas duro y blando. Bajo esta visión, las disciplinas que estudian el mundo natural son la física, la química, la biología y la astronomía. En cambio, la sicología, el arte, la historia y la antropología estudian aquello hecho por humanos. El lector despierto aquí notará la ausencia de una disciplina a primera vista imprescindible: ¿dónde quedan las matemáticas?

Enfoques más modernos han tratado de acomodar a las matemáticas y a todas las nuevas disciplinas surgidas en el último siglo. Cabe mencionar que la ciencia, al ser una disciplina del saber humano, tiene incluso un lugar dentro de su propia clasificación del que hablaremos una vez establecido un sistema de clasificación.

Diagrama de la clasificación de las ciencias.

Podemos apreciar en el diagrama de arriba como las subdivisiones de una disciplina que, al estudiar una gran parte de nuestro universo, no son tan simples. Dentro de las ciencias formales podemos clasificar a viejas conocidas, como las matemáticas, la lógica, la estadística y la teoría de sistemas. Sin embargo, aquí hay también lugar para relativamente nuevos campos, como teoría de decisiones, teoría de sistemas y ciencias de la información. Usando las reglas establecidas por las ciencias formales, las ciencias naturales buscan, a muy grandes rasgos, descubrir las leyes del mundo natural. En esta división podemos hacer dos subdivisiones más: las ciencias físicas (como la homónima física, química, astronomía, geología y meteorología) y ciencias de la vida (entre ellas la biología, genética y sus subdivisiones).

Las ciencias sociales poseen un carácter doble al ser tanto ciencias fundamentals como ciencias empíricas. Una ciencia empírica es aquella que deriva sus resultados de la observación detallada de procesos y fenómenos que ocurren en el universo. Dentro de las ciencias sociales podemos incluir aquellas que estudian productos del hacer humano: la sicología, la antropología, la comunicación, literatura y el derecho, entre otras. Su inclusión en las ciencias empíricas parte de su objectivo. Un ejemplo es la sicología, que busca explicar patrones en base a experiencias y comportamientos de seres humanos.

Usando los resultados obtenidos de las ciencias empíricas, ramas de estudio que son por naturaleza multidisciplinarias pueden desarrollarse. Los más claros ejemplos son la ingeniería, al usar resultados de las ciencias formales, naturales y sociales, y la medicina, que usa resultados derivados mayoritariamente de la física, química y biología.

Demostración científica de la disección de un cadáver. Fuente: https://web.stanford.edu/dept/HPST/PresentationCalendar.html

Muy a menudo, practicantes de las ciencias naturales y formales denigran los métodos y resultados de las ciencias sociales. Una defensa para estas disciplinas, que puede ser desconocida incluso para los mismos científicos sociales, se puede encontrar en el hecho que la mayoría de los resultados en las ciencias sociales derivan de procesos estadísticos complejos, resultado de la naturaleza del objeto de estudio: los complicados e impredecibles humanos.

En vista de esta nueva ola de información, podemos volver a la pregunta original: ¿qué son las ciencias exactas? Y aquí que nos encontramos con una complicación más. Lo más cercano a una ciencia exacta aún radica en las ciencias formales, especialmente en la lógica. Pero descubrimientos en los últimos cien años sobre los fundamentos de la lógica y las matemáticas nos revelan la verdadera naturaleza de estas disciplinas: no puede haber un sistema de reglas completo con el poder de explicarse a sí mismo, y si un sistema de reglas puede explicarse a sí mismo, éste no está completo. Esta es la aportación de Kurt Gödel, quien acuñó el teorema de su mismo nombre y nos dice claramente que no hay exactitud total.

Finalmente, quizá no encontramos la respuesta a qué son las ciencias exactas, pero en el camino hemos aprendido como clasificar las demás ciencias en función a sus relaciones con otras disciplinas. Hemos comprendido mejor la pregunta y, al atacar su palabra clave, descubrimos un área más interesante aún. Y este proceso en el que hemos embarcado, para cerrar el círculo del aprendizaje, es parte de una ciencia fundamental y empírica: la filosofía de la ciencia. ¡Bienvenidos, filósofos!

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