Incendio en el Museo Nacional de Brasil, catástrofe cultural

El fuego es un elemento que ha robado, demasiadas veces, patrimonios invaluables a la humanidad. Basta recordar aquellas imágenes de la Biblioteca Nacional de Sarajevo donde se muestra cómo las llamas arrasaron el edificio durante el asedio serbio; o el caso de la Biblioteca Nacional de Bagdad, incendiada durante la caída de la ciudad en 2003. Estas tragedias por sí solas, al margen de los conflictos bélicos inherentes, bastaron para  destruir el presente de los pueblos, su pasado y, por lo tanto, una parte de su futuro.

Pero lo ocurrido en el Museo Nacional de Brasil no es producto de una guerra o de un ataque intencionado: es fruto de la incompetencia y de la incapacidad del Estado brasileño para proteger su patrimonio científico y cultural.

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El museo fue visitado en los años veinte del siglo XX por Albert Einstein y la científica francesa Marie Curie. Foto: internet.

Ubicado en en Río de Janeiro, el Museo Nacional de Brasil, uno de los centros culturales más importantes del mundo, resultó destruido la noche del domingo 2 de septiembre de 2018, a causa de un incendio. Según las primeras investigaciones, las llamas se generaron por un cortocircuito o por la caída de un pequeño globo aerostáticoNo se conoce la dimensión de los daños, pero las primeras evaluaciones indican que se ha perdido alrededor de 90% de 20 millones de piezas, que incluyen casi todas las vertientes de la cultura humana.

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En junio de 2018, el recinto celebró sus 200 años. Foto: internet.

Sólo para ponerlos en contexto, les diré que este museo poseía: los restos de Luzia, quien, con 12 500 años de antigüedad, fue hasta hace muy poco la americana más antigua; una enorme colección de dinosaurios y meteoritos; además de todo tipo de objetos de pueblos indígenas y grabados de idiomas desaparecidos; momias egipcias y restos de frescos de Pompeya, entre muchas otras joyas culturales, ahora calcinadas.

En palabras del ministro brasileño de Cultura, Sergio Leitão, el desastre es «una tragedia inconmensurable» que «podía haberse evitado».

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Colecciones milenarias que se perdieron durante el incendio. Foto: internet.

Pero la tragedia de haberlo perdido no es la única noticia aquí: la prensa brasileña no se cansa de denunciar el deterioro en que la institución se hallaba antes del incendio. Tras varios años de recuperación, el presupuesto del museo era ridículo: la previsión de gasto para 2018 era de 42 000 euros, tres veces menos de lo que invirtió la Cámara de Representantes en el lavado de sus 83 vehículos oficialesLa tragedia no acaba ahí: acababa de recibir un crédito extraordinario de 4.5 millones de euros para, entre otras cosas, instalar un sistema antincendios, pues carecía de uno. El dinero no llegó a tiempo.

La destrucción del Palacio de San Cristóbal, sede del Museo Nacional de Brasil, no tiene solución. El precio que Brasil ha pagado por el descuido en que mantenía su patrimonio cultural es enorme. Estamos ante una triste metáfora de que la falta de atención a las instituciones que vertebran un país, y la cultura es una de ellas, acaba por provocar daños irreparables. En este caso, no sólo a Brasil, sino para el mundo entero.

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