Artemis 2 y la importancia de detenerse a tiempo

Artemis 2 será la primera misión tripulada del programa Artemis. La tripulación —Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen— realizará un vuelo de aproximadamente diez días alrededor de la Luna. Si despega, será la primera vez desde Apollo 17 en 1972 que humanos abandonen la órbita terrestre.

Con este nivel de responsabilidad, cada sistema debe comportarse exactamente como se espera. No hay espacio para el “a ver si jala”.

El lunes pasado en la madrugada, la NASA decidió que el lanzamiento del Artemis 2 se moverá para marzo. Un montón de gente en redes sociales se molestaron, y, en parte los entiendo, pero a la vez, quienes hemos trabajado con cohetes —aunque sean pequeños, de apenas tres metros de altura— sabemos que un lanzamiento no empieza cuando se presiona un botón. Empieza mucho antes, en los ensayos, en las simulaciones y en las pruebas que buscan adelantarse a los errores. Aun así, incluso cuando todo se hace correctamente, hay variables que solo se manifiestan hasta que el sistema está completamente integrado y sometido a condiciones reales.

Eso fue exactamente lo que ocurrió durante el wet dress rehearsal (WDR) del Artemis 2, el último gran ensayo antes de que la NASA se comprometa a enviar astronautas de nuevo rumbo a la Luna. El retraso del lanzamiento hasta marzo no fue producto de improvisación ni de descuido. Fue el resultado de poner a prueba el sistema bajo las condiciones más exigentes posibles.

El frío como primer factor crítico

Los primeros retrasos del WDR, estaban programados para días antes, no tuvieron que ver con el cohete en sí, sino con el clima. A finales de enero, las temperaturas en el Centro Espacial Kennedy descendieron por debajo de los 4 °C, un rango que complica seriamente las operaciones con propelentes criogénicos y hardware sensible.

La cautela frente al frío no es exagerada ni burocrática: es una lección aprendida con consecuencias históricas: En 1986, el accidente del Challenger ocurrió, entre otros factores, por el fallo de los O-rings de los solid rocket boosters del Transbordador Espacial, que perdieron su capacidad de sellado debido a las bajas temperaturas. Ese evento marcó para siempre la cultura de seguridad de la NASA.

Desde entonces, el consenso es claro: ni la NASA ni ninguna agencia espacial moderna están dispuestas a poner en riesgo a sus astronautas por cumplir una fecha en el calendario.

El Ensayo Mojado (Wet Dress Rehearsal)

Antes de cualquier lanzamiento real, se realiza un wet dress rehearsal, un ensayo completo que simula el día del despegue sin encender los motores y sin tripulación. Se ejecuta la cuenta regresiva real, se retira el brazo de acceso de la tripulación por primera vez, se cargan los tanques con combustible criogénico y se prueban sistemas, software y procedimientos como si el cohete fuera a volar.

Para Artemis 2, esto implicó cargar más de 2.65 millones de litros de oxígeno e hidrógeno líquidos en el Space Launch System (SLS), con la nave Orion ya instalada en la cima. Es la última oportunidad de detectar problemas antes de que haya personas a bordo.

A pesar de los retrasos iniciales por clima, el WDR avanzó de manera sólida:

  • Se logró el tanqueo completo en el primer intento, algo que Artemis 1 no consiguió sino hasta después de varios ensayos.
  • Funcionaron correctamente múltiples mejoras implementadas tras 2022, incluyendo:
    • una válvula de replenish rediseñada
    • mejoras en sistemas de purga
    • nuevas mangueras flexibles y placas anti-debris
  • Se utilizó por primera vez con hardware de vuelo la nueva esfera de almacenamiento de hidrógeno líquido de 1.4 millones de galones, que respondió sin problemas.
  • El brazo de acceso de la tripulación se retrajo exitosamente durante una cuenta regresiva terminal real, validando un sistema crítico para misiones tripuladas.

Hasta ese punto, el ensayo estaba cumpliendo su objetivo.

Hidrógeno. Siempre es el Hidrógeno

El problema apareció durante la carga rápida de hidrógeno líquido, cuando los sensores detectaron una fuga en el Tail Service Mast Umbilical (TSMU), como el enchufe en la base del cohete que transfiere los propelentes desde tierra.

Este mismo punto ya había causado retrasos importantes durante Artemis 1.

Las concentraciones de hidrógeno alcanzaron entre 12 y 14%, acercándose al límite de seguridad del 16% definido tras extensas pruebas posteriores a la misión no tripulada. El equipo siguió los procedimientos establecidos: detuvo el flujo, permitió la estabilización del sistema y aplicó una técnica conocida —calentar ligeramente el conector para que el sello se reasentara— lo que permitió continuar hasta tanques llenos.

El momento decisivo llegó durante la presurización del core stage, cuando los tanques se llevan a presión de vuelo real. Fue entonces cuando:

  • Las concentraciones de hidrógeno en la cavidad del TSMU aumentaron rápidamente.
  • Se superaron los límites de seguridad.
  • El ground launch sequencer detuvo automáticamente la cuenta regresiva alrededor de T-5:15 minutos.

No es que los ingenieros se equivocaran, o que el cohete está perdiendo hidrógeno, ni que hubiera habido un error de sistema: el sistema actuó exactamente como fue diseñado para hacerlo cuando detecta un riesgo. La fuga no fue en el cohete, fue en el enchufe.

Después del fallo, el vehículo fue asegurado y drenado completamente durante la madrugada.

¿Por qué el hidrógeno sigue siendo tan problemático?

Porque el hidrógeno líquido es uno de los propelentes más complejos de manejar, y además:

  • Es la molécula más pequeña que existe y se filtra por defectos microscópicos.
  • Se almacena a –253 °C, provocando contracciones y deformaciones en materiales y sellos.
  • Interfaces como el TSMU son extremadamente sensibles a:
    • desalineaciones mínimas
    • partículas microscópicas
    • comportamientos que solo aparecen cuando todo está frío, presurizado y completamente integrado
El hidrógeno es el elemento más chiquito.

Por más pruebas de laboratorio que se realicen, hay fenómenos que solo se revelan en un ensayo a escala real.

Mismo problema que el Artemis 1

El cohete SLS se observa liberando oxígeno líquido durante el segundo intento de lanzamiento de la misión Artemis 1, el 3 de septiembre de 2022. El lanzamiento fue finalmente cancelado. Crédito: Ken Kremer / spaceupclose.com

Artemis 1 necesitó 4 ensayos de wet dress rehearsal, que acabaron siendo detenidos también por fugas de hidrógeno. Sin embargo, ese proceso culminó en un lanzamiento exitoso en noviembre de 2022 y una misión lunar prácticamente impecable.

El enfoque con Artemis 2 es el mismo: aprender en tierra para no tener que aprender en vuelo.

El lanzamiento se movió hasta marzo para poder:

  • inspeccionar a fondo el TSMU (tal vez sea necesario desarmar y volver a armar, hacer otro rollout y regresar el cohete al edificio de ensamblaje, pero eso es el último recurso)
  • aplicar las correcciones necesarias (te preferencia en la base de lanzamiento)
  • repetir el ensayo con mayor margen de seguridad

La ventana de febrero quedó descartada y el lanzamiento se movió a no antes del 6 de marzo, con oportunidades de respaldo hasta finales de abril. La tripulación salió de cuarentena y volverá a entrar aproximadamente dos semanas antes del nuevo intento.

Seguridad antes que calendario

Desde cohetes experimentales de pocos metros hasta el sistema de lanzamiento más potente jamás construido, la lógica es la misma: las pruebas existen para encontrar lo que no se ve a simple vista. El wet dress rehearsal de Artemis 2 cumplió exactamente ese propósito. Y es mejor saberlo a tener que experimentar otra época trágica.

En muchos ámbitos de la vida, hacer las cosas a tiempo se considera un éxito. En la exploración espacial no necesariamente. No lanzar cuando algo no está bien no es malo, ni es un retraso, es la decisión responsable, sustentada en la memoria histórica y en la madurez técnica.

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